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El helado se queda en casa
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"En estos tiempos de deslocalizaciones y de cambios de escenarios para las industrias, es una buena noticia que una empresa apueste por Barcelona. Y el ayuntamiento está comprometido en defender la actividad económica de la ciudad", aseguró ayer el alcalde de la ciudad, Jordi Hereu, en su visita a la fábrica de helados del Poblenou que Farga compró el pasado diciembre a la multinacional Unilever, que fabrica Frigo, y que está destinada a acoger la futura sede del grupo catalán para finales de año.
La planta, que hasta el pasado diciembre fabricaba para Frigo, ha asumido ahora parte de la producción de Farggi, la marca de helados, postres y repostería congelada de Farga. Y tiene previsto acoger toda la producción que ahora realiza la empresa en la fábrica de Mongat. Pero también tiene una parte de producción comprometida con Unilever. Son 500.000 litros de helados anuales, que supondrán el 20% de la producción total. Y que permitirán elevar la facturación total de la empresa de los 55 millones de euros con que cerró el ejercicio del 2008 hasta los 70 millones para este año, el 25% más.
Suma de culturas
La operación ha permitido mantener en plantilla a 85 de los 268 empleados que tenía Unilever en Barcelona. "Es la suma de dos culturas empresariales, y queremos que sean estos trabajadores los que enseñen a nuestra gente porque aquí aplican el sistema japonés de total production management (TPM)", asegura Eduardo Farga, director general del grupo. "Pero también hemos querido aportar nuestro toque. Ahora los trabajadores no llevan número en la bata, por ejemplo. Queremos que se sientan personas", añade Jesús Farga, fundador del grupo.
La producción de la planta es puramente industrial, con chantillys que salen de tubos articulados y robots que rellenan moldes con la misma dosis exacta de chocolate hasta completar la tarta. O con trufas -asumidas tras la compra de otra empresa- que alcanzan su forma rodando entre fuentes de virutas hasta que pierden su condición de simple bola. Las más imperfectas son condenadas a repetir el ciclo de la pasteurización, el modelaje, la forma... O los twister, esos helados de dos sabores que entran con textura de crema por una máquina y salen congelados en segundos por otra. Todo es aséptico. Solo hay mano humana cuando llegan a las cajas o los envases, o para rellenar las bolsas de ingredientes. La mitad de esta producción que no es Farggi se dedicará a la exportación al resto de Europa.
"No tenemos ningún interés de llevarnos la producción fuera. Nosotros queremos quedarnos en Catalunya. Por eso les dijimos a los de Unilever: Vosotros queréis cerrar una fábrica y nosotros tenemos que construirla. ¿No podemos ponernos de acuerdo?" Nosotros llevábamos tiempo buscando una fábrica más grande", recuerda Jesús Farga.
Para que la operación de compraventa fuera posible, el Ayuntamiento de Barcelona desistió de su derecho a recalificar los terrenos que dejaba libre Unilever, que había decidido trasladar la producción catalana al extranjero. Y la Generalitat también puso su parte en forma de avales. "No renunciaremos a ninguna industria cuando vaya asociada a una apuesta de futuro. Creemos que tiene mucho sentido mantener industria en la ciudad porque hay muchas empresas que dependen de dar servicios a otras empresas", señaló Hereu.
La planta, que hasta el pasado diciembre fabricaba para Frigo, ha asumido ahora parte de la producción de Farggi, la marca de helados, postres y repostería congelada de Farga. Y tiene previsto acoger toda la producción que ahora realiza la empresa en la fábrica de Mongat. Pero también tiene una parte de producción comprometida con Unilever. Son 500.000 litros de helados anuales, que supondrán el 20% de la producción total. Y que permitirán elevar la facturación total de la empresa de los 55 millones de euros con que cerró el ejercicio del 2008 hasta los 70 millones para este año, el 25% más.
Suma de culturas
La operación ha permitido mantener en plantilla a 85 de los 268 empleados que tenía Unilever en Barcelona. "Es la suma de dos culturas empresariales, y queremos que sean estos trabajadores los que enseñen a nuestra gente porque aquí aplican el sistema japonés de total production management (TPM)", asegura Eduardo Farga, director general del grupo. "Pero también hemos querido aportar nuestro toque. Ahora los trabajadores no llevan número en la bata, por ejemplo. Queremos que se sientan personas", añade Jesús Farga, fundador del grupo.
La producción de la planta es puramente industrial, con chantillys que salen de tubos articulados y robots que rellenan moldes con la misma dosis exacta de chocolate hasta completar la tarta. O con trufas -asumidas tras la compra de otra empresa- que alcanzan su forma rodando entre fuentes de virutas hasta que pierden su condición de simple bola. Las más imperfectas son condenadas a repetir el ciclo de la pasteurización, el modelaje, la forma... O los twister, esos helados de dos sabores que entran con textura de crema por una máquina y salen congelados en segundos por otra. Todo es aséptico. Solo hay mano humana cuando llegan a las cajas o los envases, o para rellenar las bolsas de ingredientes. La mitad de esta producción que no es Farggi se dedicará a la exportación al resto de Europa.
"No tenemos ningún interés de llevarnos la producción fuera. Nosotros queremos quedarnos en Catalunya. Por eso les dijimos a los de Unilever: Vosotros queréis cerrar una fábrica y nosotros tenemos que construirla. ¿No podemos ponernos de acuerdo?" Nosotros llevábamos tiempo buscando una fábrica más grande", recuerda Jesús Farga.
Para que la operación de compraventa fuera posible, el Ayuntamiento de Barcelona desistió de su derecho a recalificar los terrenos que dejaba libre Unilever, que había decidido trasladar la producción catalana al extranjero. Y la Generalitat también puso su parte en forma de avales. "No renunciaremos a ninguna industria cuando vaya asociada a una apuesta de futuro. Creemos que tiene mucho sentido mantener industria en la ciudad porque hay muchas empresas que dependen de dar servicios a otras empresas", señaló Hereu.
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