Manolo Blahnik, el rey Midas de los zapatos
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Paloma Picasso se siente “desnuda” si no lleva blahniks en sus pies, Victoria Beckham , lo primero que rescataría de su casa en llamas serían sus “Manolos” y la cantante Madonna considera que estas piezas son “mejores que el sexo y duran más”. Con estas premisas nadie puede durar de la fama mundial que preceden a los zapatos de Manolo Blahnik, todo un lujo ansiado por cantantes, actrices, modelos, aristócratas y millonarias de toda estirpe, capaces de gastar una fortuna por conseguir uno de los originales modelos del artista español afincado en Londres.
Blahnik se muda a París para estudiar arte en la Universidad de Bellas Artes y en la Universidad del Louvre. En 1968 se traslada a Londres, donde trabaja para una boutique de moda a la vez que escribe para Vogue Italia. A partir de ese momento, se introduce en el mundo de la moda y hace amistad con personajes como Eric Boman o Paloma Picasso, quien en 1971 le presenta a Diana Vreeland, editora de Vogue USA. Blahnik no lo sabía, pero este hecho le iba a marcar para toda su vida.
En 1971 se va Nueva York y se lleva consigo un amplio portafolio con sus bocetos de zapatos. Cuando los contempló Diana Vreeland quedó tan maravillada que le sugirió que se dedicara a diseñar calzado y desde entonces su vida dio un giro hacia el lujo y la exclusividad.
Un año más tarde, de regreso en Londres, Blahnik comienza a diseñar y hacer zapatos para “Zapata”, una boutique inglesa muy prestigiosa. En aquel momento, Osse Clrark lo contrata para que diseñe zapatos para uno de sus desfieles. Al año siguiente, el propio Blahnik compra la tienda Zapata. Su estrellato ya era inminente, pero no se hizo público hasta que en 1973 posa junto a la actriz Anjelica Houston para el fotógrafo David Bailey y se convierte en el primer hombre en aparecer en una portada Vogue Inglaterra.
En 1978 lanza a la venta una colección para la cadena estadounidense Bloomingdales, y al año siguiente abre su primera tienda en Madison Avenue, en Nueva York. Comienza a diseñar para los grandes modistos del momento como Perry Ellis.
Un momento fundamental para la expansión de la marca en Estados Unidos fue su asociación con George Malkemus, quien se encarga de gestionar las estrategias comerciales para el desarrollo de la firma en este país.
A partir de este momento sus colaboraciones con grandes firmas no dejan de sonar. Elabora una línea de zapatos para la colección “ready-to-wear” de Calvin Klein, comienza su colaboración con el diseñador Isaac Mizray y abre su primera tienda en Hong Kong. En 1992 trabaja con Galliano, creando una línea de zapatos para la firma Christian Dior. También trabaja con Bill Blas, Carolina Herrera y Óscar de la Renta.
Manolo Blahnik ha sido galardonado con los premios internacionales más importantes del mundo del diseño, como el Premio Especial del Consejo de Diseñadores de Moda de América (CFDA), el Premio Balenciaga y el Nieman Marcus de EEUU. Además, le han otorgado el Doctorado de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de Londres y el premio la Aguja de Oro en España. Igualmente, ha sido nombrado Diseñador Honorífico de la Industria en Londres y ha recibido la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes entregado por Juan Carlos I.
La televisión también contribuyó a llevarle a la cima del éxito. Gracias a la serie “Sexo en Nueva York”, cuya protagonista estaba obsesionada con sus zapatos, la difusión de la marca llegó a ser mundial.
Un proceso de fabricación que confirma su exclusividad
Su exclusividad es otro de los valores añadidos de esta marca de zapatos. Hoy en día no es fácil hacerse con un par de Manolos. Varios meses pueden transcurrir desde que la interesada clienta solicite su zapato hasta que lo tenga en su poder. El artesanal y minucioso proceso de fabricación llevado a cabo por esta marca origina las listas de espera más largas del mundo. Pero los resultados de calidad y belleza hacen valer la pena esta larga espera.
Tras plasmar en un papel el modelo que ha diseñado previamente en su cabeza, Manolo Blanhik esculpe su idea en un pedazo de madera. De ahí surge un molde de plástico en el que el creador pinta, recorta y pega a su gusto, da rienda suelta a su imaginación y fantasía mezclando texturas, colores y materiales de todo tipo, sin tener en cuenta las tendencias de la moda y dejándose guiar únicamente por su intuición artística.
Hecho el prototipo, se destina a la fábrica en Parabiago, Italia, donde pasa, ni más ni menos que por 50 procesos de producción, motivo por el cual únicamente se confeccionan 80 pares al día.
Es precisamente en este trabajo manual donde radica el encanto de los zapatos, cargados de una magia particular que los hace irresistibles y codiciados, signos supremos de la distinción. De ahí que muchos piensen que “la vida se ve mejor desde un par de manolos”.
Los precios de los zapatos van de unos 1.110 euros los más baratos, hasta más de 6.000 los modelos más exclusivos. Estos tacones, que rondan los 20 centímetros de altura se han convertido en un codiciado objeto para buena parte de la jet set mundial.
Los seguidores más acérrimos de su país pueden “degustar” su línea de calzado glamuroso en la tienda de Madrid, situada en el número 58 de la céntrica calle de Serrano.
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