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Perfiles

Marco Aldany, de peluquería de barrio a 'salón de arte'

A pesar de que ambos pasaron su infancia en peluquerías, los hermanos Fernández Luengo -fundadores de Marco Aldany- siempre mantuvieron perspectivas profesionales diametralmente opuestas. Dedicado a la economía -Alejandro- o cuasi obsesionado por convertir un peinado en obra de arte -Marco-, los hermanos “Aldany” no tuvieron reparos en conjugar sus conocimientos. ¿El resultado? Más de 300 salones abiertos y un futuro que pasa por permitir la entrada de capital ajeno a la corporación familiar en pos de consolidar una red de 1.000 establecimientos.

Más de 300 salones de peluquería y un incremento por año de 50 nuevos locales son algunas de las cifras que han situado a Marco Aldany como una de las cadenas más consolidadas del mercado nacional. Un “poderío” que, sin embargo, no ha relajado los ánimos de sus responsables que, muy al contrario, han diseñado un ambicioso plan de expansión con el objetivo de triplicar su número establecimientos. La entrada de una capital riesgo en la compañía y la asociación con la red Jofer para aunar esfuerzos, son algunas de las operaciones que han llevado a cabo los “capitanes” de la marca para alcanzar el reto de superar el millar de peluquerías en siete años. Como una de las enseñas más sólidas del mercado nacional de la franquicia, la compañía ha sabido aprovechar todas las ventajas de la fórmula para expandir su concepto de “salones de arte” por toda la Península, un proyecto que ha dado sus frutos gracias al esfuerzo de sus fundadores: Alejandro y Marco Fernández Luengo. Pero los cimientos de la marca se remontan a mediados del siglo XX, cuando la familia Fernández Luengo decidió en 1957 constituir la Corporación AIB para apoyar la puesta en marcha de diversos salones de peluquerías que, finalmente, acabaron unificándose bajo las palabras “Marco Aldany”. La dedicación de la familia hacia el mundo de las peluquerías dejó una grave impresión en ambos hermanos -tanto es así que acabaron levantando la que actualmente es una de las mayores cadenas en España-, aunque finalmente decidieron dirigir sus caminos profesionales por sendas más que distintas. Los hermanos “Aldany”, arte y ciencia Alejandro nació en 1971 en una familia de tres generaciones de peluqueros. Hijo y nieto de profesionales del sector, siempre sintió un fuerte interés por los números y, aunque la carrera militar llegó a tentarle –incluso se licenció con el número uno en la Academia de Infantería de Toledo-, a los 21 años optó cursar la licenciatura de Económicas en la Universidad San Pablo CEU. Durante los cinco años que pasó de aula en aula, el primogénito de los hermanos se aficionó a los entresijos del mundo empresarial hasta el punto de especializarse en Economía Internacional, acumulando unos conocimientos que le han llevado a organizar su escaso tiempo para preparar su doctorado en Nuevas Tendencias de Marketing e impartir clases en el Instituto de Formación Empresarial de la Cámara de Comercio de Madrid. Por su parte, Marco Fernández Luengo mostró muy pronto su afición por la labor de peluquero, pasatiempo que con el paso de los años se convirtió en algo más cercano a una auténtica pasión. Llevado por un poderoso impulso de aprender y transformar las tendencias que todavía imbuían al sector de peluquerías español, Marco se trasladó al extranjero y estudió en escuelas de renombre internacional como Toni & Guy, Vidal Sasoon o Aldo Coppola, regresando a España con un objetivo: revolucionar el mercado. Y fue estando en Reino Unido cuando comenzó a acariciar la idea de dirigir su propio proyecto. Corrían principios de los `90 y, ante la oportunidad de gestionar su propio negocio, los hermanos Fernández Luengo no lo dudaron: Alejandro se interesó de inmediato por un proyecto a su medida y Marco, como director artístico con una meta, descubrió su oportunidad para poner en práctica todos sus conocimientos y aplicar su experiencia extranjera. "Nos dimos cuenta de que el público quería marca, y nosotros decidimos crearla con un punto cosmopolita, con vocación de líder en España y con presencia en el extranjero", han comentado los hermanos más de una vez. Desde el primer momento, los “Aldany” tuvieron claras las líneas generales de su concepto de negocio: salones de peluquería donde, además de peinarse, los clientes pudieran satisfacer todas sus necesidades a nivel estético. ¿Sus armas? El bagaje de medio siglo en el mundo de la peluquería de la Corporación AIB, empresa familiar propietaria de la marca, y la innovación constante para mejorar el servicio al cliente. La franquicia irrumpe en la peluquería Al comprobar que su saber hacer era todo un éxito entre la clientela -resultados que se tradujeron en la apertura de varios salones en pocos años- Alejandro y Marco comenzaron a estudiar la posibilidad de adoptar la fórmula de la franquicia para potenciar el crecimiento de su marca. Tanto es así que en 1996 se produjo un cambio importante en el negocio de los salones de belleza: Marco Aldany, como ya lo habían hecho un reducido número de cadenas de peluquerías, irrumpía en el mercado nacional de la franquicia ofreciendo un modelo de negocio con muchas ventajas para el futuro asociado y, además, un valor añadido: una escuela de formación en el que aleccionar a toda una cantera de profesionales bajo la fórmula del éxito de los salones Aldany. En pocos años, los planes de expansión bajo el sello de la franquicia dieron sus frutos en forma de numerosos establecimientos operativos, un hecho que los Fernández Luengo siempre han reconocido. “Sin ninguna duda, al igual que está sucediendo internacionalmente desde hace más de 30 años en el mercado de la peluquería, las grandes marcas irán ganando inexorablemente cuota de mercado frente a las peluquerías tradicionales”, explicaba Marco. “Personalmente, creo que el salón de autor nunca desaparecerá, pero las cada vez más competitivas condiciones de nuestro sector harán imposible crecer a las pequeñas empresas tradicionales, convirtiéndose únicamente en opciones de autoempleo con escasas posibilidades de desarrollo futuro”, sentenciaba. Del mismo modo que al comienzo del proyecto empresarial definieron una filosofía de negocio que no ha cambiado, desde el principio identificar el perfil de futuro franquiciado que se ajustaba a sus expectativas: personas emprendedoras, con ganas de desarrollar un proyecto propio, aunque eso implicase mucho trabajo. “Es difícil definir un perfil ideal -confesaba Marco Fernández Luengo- pero se parecería mucho a un estilista con cierta experiencia y que, preferiblemente, haya dirigido equipos de trabajo con anterioridad. Debe aspirar a tener y gestionar varios centros propios y tendrá también la opción de gestionar su propia escuela Marco Aldany con todos los métodos de trabajo de la firma”. Pretendientes no le han faltado a Marco Aldany y ese interés ha colaborado con la constitución de una cadena que hoy en día cuenta con 340 salones de peluquería abiertos -tres cuartas partes pertenecientes a la empresa y el resto franquicias-, una cifra que parece no ser suficiente para los “capitanes” de la compañía. De empresa familiar a red internacional Analizando la situación de la empresa en el presente, Marco Aldany facturó 70 millones de euros el pasado ejercicio gracias a sus 340 salones, establecimientos que se reparten entre España y otros mercados internacionales: la cadena cuenta con ocho peluquerías en Portugal, seis en Centroamérica y pronto abrirá en Rumania, Polonia y Bulgaria. Pero la tendencia de crecimiento natural para una empresa familiar del tamaño de Marco Aldany no ha sido suficiente para los Fernández Luengo, que recientemente han decidido aprobar el interés de la empresa española de capital riesgo CMH, que desde hace un año echó el ojo a la cadena de peluquerías. ¿El objetivo del fondo de inversión? Por una parte, hacer del especialista en peluquería un grupo multimarca que abarque nuevos sectores, como son el de belleza y, por otro, por “engordar” la compañía triplicando su tamaño en cinco años tanto con la compra de empresas rivales como con la apertura de nuevos establecimientos como, quizás, paso previo a su debut en bolsa. Para conseguirlo, el fondo MCH cuenta con entidades inversoras como el banco francés Natixis y al grupo financiero Quilvest, para llevar a cabo todos los propósitos fijados y, como hemos mencionado, la posible salida de Marco Aldany a bolsa. “Ésta es una de las posibles salidas, ya que se trata de una marca lo suficientemente conocida y que funciona bien, aunque no es algo que esté fijado ya de antemano, simplemente es una posibilidad”, han comentado fuentes de la capital riesgo. Si preguntamos a los hermanos “Aldany” lo tienen claro: “el pez grande se come al chico”. Un refrán con el que justifican su decisión. “En todas las ciudades españolas, las peluquerías de barrio están cediendo terreno a salones con una fuerte imagen de marca, muchos de ellos franquiciados, con horarios más flexibles y servicios cada vez más sofisticados”, ha explicado Alejandro para la ocasión. “Es el futuro -continúa Fernández Luengo- quien vaticina que en nuestro país tendrá lugar en los próximos años un proceso de concentración similar al que han vivido Alemania, Francia y Reino Unido porque la supervivencia de muchas peluquerías dependerá de su alianza con marcas que les permitan aprovechar las economías de escala para efectuar sus compras y que les aporten marketing, formación y sistemas de gestión modernos". Ante esta situación, Marco Aldany ha optado por adquirir tamaño lo antes posible, con un plan que le permita tener mil peluquerías entre España y Portugal antes de 2014, con una inversión de 60 millones de euros. "Barajamos la posibilidad de abrirnos a accionistas financieros para la adquisición de peluquerías de la competencia y preparar nuestra salida a Bolsa", explicó Fernández Luengo. Otro de los pasos de la compañía, con el apoyo de CMH, ha consistido en la creación de la conocida a partir de ahora como Grupo Chic Corporación, una asociación donde las peluquerías Marco Aldany y Jofer aúnan esfuerzos para potenciar sus respectivos crecimientos. Después de haber zanjado la entrada de la capital riesgo y en pleno proceso de expansión, los hermanos han cedido gran parte de su jornada laboral a las reuniones de trabajo, pendientes de trazar las líneas maestras a seguir con los responsables de los departamentos. Alejandro, como consejero delegado, bromea: “Mi labor actual es más de comunicación que de apagar fuegos” y, aunque muchos días no abandona el despacho hasta más allá de las nueve de la noche, no descuida el encontrar un momento para disfrutar de la lectura y de una afición singular: el tiro olímpico. Un hobby que no es de extrañar si se tiene en cuenta que en la casa familiar cuidan como un tesoro una de las colecciones de armas más singulares de España. Mientras tanto, Marco prosigue su día a día sin dejar pasar ni una sola oportunidad para innovar en su trabajo, además de analizar muy de cerca los pasos de todas las escuelas de formación que gestiona la compañía. Por cierto, la única que no ha cerrado ningún establecimiento.
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