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Desde que Antonio Rodilla abriera las puertas del primer establecimiento allá por 1939, el negocio del sándwich no ha dejado de crecer en España. Bocadillos con pan inglés y nombre propio que 60 años después continúan identificando a la marca más importante de sándwiches del país, Rodilla, además de nombrar a una cadena de franquicias que con 86 puntos de venta se dispone a dar el salto al exterior.
Hoy en día vende más de 40 millones de sándwiches al año, factura más de 58 millones de euros y continúa expandiendo su concepto a lo largo y ancho del país. En estos pasos se encuentra la historia de un negocio familiar que comenzó con la apertura de una pequeña tienda en el Madrid de la posguerra y actualmente estudia crecer más allá de nuestras fronteras.
Fue el 24 de diciembre de 1939 cuando Antonio Rodilla, salmantino de 30 años especialista en la producción de fiambre, abrió las puertas de un pequeño negocio de 60 metros cuadrados en la madrileña plaza de Callao. Sin apenas espacio para atender a la clientela y con un sótano con un obrador para hacer pan, pasteles y derivados, Rodilla comenzó a vender embutido al peso, cortando en lonchas las barras de jamón, queso y salami que difícilmente podía conseguir debido a la escasez.
En un tiempo marcado por la miseria, el precursor de la compañía observó que nadie quería la parte trasera de las barras de embutido y comenzó a forjar una fórmula para aprovechar este sobrante. Había oído hablar del pan inglés y experimentando en su pequeño sótano dio con la combinación perfecta, un producto que, sin el saberlo, sería el primer paso en la creación del imperio Rodilla.
Nacía el sándwich tal y como lo conocemos. “Hay que tener en cuenta -explica Bernardo Rodilla, hijo de Antonio y actual presidente de la compañía- que aquellos eran tiempos de miseria casi absoluta, en los que existía el racionamiento de los alimentos básicos. Había que hacer algo con esa parte trasera porque entonces el problema no solo era vender, sino poder abastecer bien el negocio para tener productos a la venta. Dado que existían dificultades para el suministro de pan, mi padre decidió fabricar el suyo”.
A lo largo de 20 años el producto ideado por Antonio se popularizó en la capital, hasta tal punto que la familia Rodilla se planteó dar un giro a su negocio. Fue en la década de los 60 cuando reformaron el establecimiento para incluir una barra de bar donde servían el producto listo para consumir en la tienda, no sin otras dificultades. “Durante mucho tiempo, como la normativa no permitía vender ningún tipo de bebida, hubo una barra donde se sería un vaso de agua para el consumo inmediato”, comenta Bernardo.
Y a base de agua y sándwiches, en una sociedad donde el concepto de comida rápida era absolutamente desconocido, el negocio del nuevo Rodilla alcanzó una cota de ventas sorprendente para la época, teniendo en cuenta que comerciaban con un producto de lujo en esos años. Todo ello teniendo en cuenta que aún no se concebía el sándwich como comida y el negocio se basaba en servir sus productos sobre todo los domingos a la hora de la salida de los cines, a modo de merienda.
Nadie mejor que Bernardo Rodilla para dibujar el despegue del negocio que un día fundó su padre. “En este momento comienza a variar el sentido del negocio: lo que antes había sido pastelería y fiambres, ahora pasa a ser algo más cercano a un bar-restaurante, con la novedad de los sándwiches como especialidad de la tienda”. El negocio avanzaba a marchas forzadas y forjó una clientela asidua entre la que se encontraban personalidades de la talla de Antonio Machín, “adicto al sándwich de jamón serrano”.
A principios de los 70, Rodilla abre dos nuevos establecimientos en Madrid, a la vez que comienza a extenderse la costumbre de comer los sándwiches de forma rápida, sin tener que sentarse a la mesa y esperar un tiempo el servicio de los camareros. El fast food comenzaba a asomar la cabeza en los hábitos alimenticios de los españoles.
De hecho, fue a finales de esta década cuando aterrizaron en España las grandes cadenas de comida rápida. Mc Donald’s, Burger King y demás, constituyeron en primer momento un duro competidor para Rodilla, aunque el tiempo puso las cosas en su sitio diferenciando los productos. Los sándwiches madrileños continuaron manteniendo su imagen de producto sano, ligado a la dieta mediterránea y alejada del concepto “comida basura”.
Tuvieron que transcurrir más de 10 años para que la familia Rodilla comenzase a estudiar la posibilidad de expandir su negocio y, por lo tanto, a modernizar su sistema de gestión y de producción. Así, en 1992 la compañía crea una nueva empresa “Artesanía de la Alimentación”, donde se centralizaría la fabricación del producto y desde la que se surtiría a las tiendas que se incorporaban a la cadena.
Tras todos estos cambios, Antonio Rodilla fallece dejando a cargo de la compañía a sus dos hijos, Antonio y Bernardo, actuales consejero y presidente del consejo de administración de la compañía. Un momento en el que, más que nunca, se apuesta por la expansión del negocio familiar a través del sistema de la franquicia.
En su momento, Bernardo razonó la elección argumentando que “es una cuestión de mentalidad. La franquicia, además de facilitarte recursos, proporciona una capacidad de gestión importante y de crecimiento. Aunque no es un matrimonio, si existe un buen grado de comunicación entre franquiciador y franquiciado. La relación es satisfactoria para las dos partes”.
De acuerdo con esto, la compañía se lanzó a la búsqueda de franquiciados con un perfil muy concreto: poder adquisitivo suficiente para asumir la fuerte inversión económica, con capacidad de gestión comercial y una dedicación plena, ya que “el mundo de la hostelería exige dedicación total”.
En la actualidad, Rodilla cuenta con 86 establecimientos con presencia en Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla Leon, Castilla la Mancha, Murcia y Santander, y da empleo a más de 1.000 personas en sus instalaciones. El pasado año alcanzó una facturación de 40,2 millones de euros y a día de hoy se dispone a estudiar una posible expansión internacional.
“Tenemos muchas peticiones de establecimientos propios y franquicias en diversas zonas de Suramérica y de Europa, donde creemos que podría ser un producto muy bueno. En Inglaterra, por ejemplo, están muy acostumbrados al sándwich. Todo consistirá en ver de qué manera podríamos llevar nuestro género fuera de España”, explican los responsables. Así continúa la historia de un negocio familiar cuyo secreto consiste en “el cuidado que ponemos en el producto y la aceptación del público. Simplemente, hemos ido adaptando el sistema de venta a las diferentes tendencias, pero los emparedados siguen siendo tan artesanales como lo fueron el primer día”, explica Bernardo Rodilla.
Una estrategia que sin duda funciona, y que hace relativamente poco tiempo ha decidido incorporar las ventajas de la diferenciación para seguir adaptándose a las necesidades cambiantes de la clientela.
Así, en breve los establecimientos Rodilla incorporarán un espacio para los helados y el café, productos que estarán representados por las marcas Flanela y Café de Indias pertenecientes a la compañía que Rodilla ha adquirido recientemente para beneficiarse de sus productos en sus tiendas y también gestionar su expansión.
Una serie de decisiones que continúan con la tendencia de crecimiento que comenzó una lejana nochebuena de 1939 con la apertura de una pequeña tienda, un establecimiento que ha sabido adaptarse al paso del tiempo en todo menos en su producto estrella: el sándwich.
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