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Deslocalización: franquicias en busca de nuevos horizontes
martes, 13 de noviembre de 2007
La deslocalización ha dejado de ser patrimonio exclusivo de las grandes multinacionales, y no son pocas las empresas que trasladan sus centros de trabajo a países lejanos para reducir costes. El textil, el calzado, el juguete y el mobiliario, son algunos de los sectores que comienzan a vislumbrar en esta estrategia la mejor forma de hacer frente a la competencia de China. Eso sí, cada uno a su manera.
Mientras que las grandes multinacionales comenzaron a deslocalizar sus empresas para aumentar sus beneficios, la competencia de los mercados emergentes, en concreto del gigante asiático, ha convertido esta estrategia en una de las pocas “escapatorias” que tienen las medianas empresas para mantener su trabajo.
Los sectores más tradicionales, como el textil, el calzado, el mueble o el juguete, se enfrentan actualmente a la urgencia de amortizar las inversiones en bienes de equipo que acometieron en la segunda mitad de los ’90 animados por las buenas expectativas económicas, y, además, a la necesidad de competir con empresas asiáticas capaces de producir más y más barato.
Está claro que deslocalizar se ha convertido en un fenómeno inherente a la globalización pero, ¿cómo llevar a cabo un proceso de esta magnitud? Cada uno de los sectores cuenta con sus propias artimañas para reinventarse y sobrevivir al nuevo ciclo económico y a la competencia de los asiáticos.
Quizá el caso del textil es el más evidente, dado que el mercado nacional cuenta con algunos de los gigantes del sector a nivel mundial, que ya hace tiempo instalaron sus fábricas en países donde la mano de obra es barata y las condiciones laborales son más flexibles. Con la gallega Inditex a la cabeza, algunas compañías textiles españoles han comenzado a producir parte de su catálogo en el Sudeste asiático.
Si instalar una fábrica en un país como China o India no parece complicado, la distribución del género es una de las cuestiones más problemáticas para las empresas que deciden mudar sus instalaciones a economías emergentes. De hecho, integrar la producción y la distribución se ha convertido en el reto de las empresas que han decidido deslocalizar sus centros de negocio.
En el caso del calzado, uno de los sectores que en España está sufriendo las consecuencias de la competencia agresiva de los países asiáticos, diferenciarse y ofrecer calidad se ha erigido como la mejor estrategia a seguir. Aunque pudiera parecer que esta estrategia es ajena a la deslocalización, no es así: el secreto está en que las materias primas vengan de fuera.
En palabras del presidente de la Asociación Española de Componentes de Calzado, Juan Carlos Soler, “el mejor modo de atajar a un competidor es en su casa”. Y que mejor que importar los materiales de los países asiáticos a bajo precio para fabricar un producto de calidad en España.
En el juguete, compañías de la talla de MB y Famosa comienzan a abandonar España para producir en China, aunque el mejor ejemplo del fenómeno en el sector lo encontramos en Italia, donde “fabrican menos que en España, pero exportan más”, afirma el presidente de la patronal AEFJ, Salvador Miró.
Según su opinión, hay componentes de productos, como los tecnológicos, que “es preferible que se fabriquen en China, donde la mano de obra es más barata. Así se reduce el precio final del juguete pero sin disminuir su calidad, ya que previamente se realizan los correspondientes estudios pedagógicos y, definitivamente, el artículo se fragua en España”, concluye.
Otros sectores clásicos, como el mobiliario, apuestan por una fórmula a caballo entre la deslocalización y el inmovilismo de los que rechazan esta estrategia. Y es que, a juicio de Francisco Pons, responsable de Federmueble, “que el Gobierno apoyara la deslocalización sería un suicidio, lo que hay que apoyar son las alianzas” .
Así, empresas del mueble clásico, como Picó, o moderno, como Gamamóbel, tienen previsto cerrar antes de fin de año joint ventures con inversores locales en China, para, según Pons, mantener parte de la producción en España y realizar la de menos valor allí.
También en el mercado nacional de la franquicia comienzan a imponerse estrategias en este sentido, especialmente en el sector textil. Mango es la marca referencia de esta actividad, tanto en franquicia como en relación al fenómeno deslocalización, ya que cuenta con fábricas en puntos remotos del planeta.
Otro de los ejemplos en la materia es 13 Búho St., cadena de franquicias de moda que decidió abrir una fábrica en La India, con el objetivo de abaratar costes de producción y poder competir con las prendas que exportan los mercados emergentes.
Así, parece que el temido efecto “dominó” ha llegado a las economías europeas, que ven como sus empresas se enfrentan a la necesidad de competir, ya sea trasladando sus centros de trabajo a países donde la mano de obra es barata y las condiciones laborales poco o nada exigentes o, simplemente, comprando los materiales de fabricación más allá de nuestras fronteras. Una estrategia que no parece la única, pero sí la mejor de las salidas para las compañías de los sectores tradicionales.
Los sectores más tradicionales, como el textil, el calzado, el mueble o el juguete, se enfrentan actualmente a la urgencia de amortizar las inversiones en bienes de equipo que acometieron en la segunda mitad de los ’90 animados por las buenas expectativas económicas, y, además, a la necesidad de competir con empresas asiáticas capaces de producir más y más barato.
Está claro que deslocalizar se ha convertido en un fenómeno inherente a la globalización pero, ¿cómo llevar a cabo un proceso de esta magnitud? Cada uno de los sectores cuenta con sus propias artimañas para reinventarse y sobrevivir al nuevo ciclo económico y a la competencia de los asiáticos.
Quizá el caso del textil es el más evidente, dado que el mercado nacional cuenta con algunos de los gigantes del sector a nivel mundial, que ya hace tiempo instalaron sus fábricas en países donde la mano de obra es barata y las condiciones laborales son más flexibles. Con la gallega Inditex a la cabeza, algunas compañías textiles españoles han comenzado a producir parte de su catálogo en el Sudeste asiático.
Si instalar una fábrica en un país como China o India no parece complicado, la distribución del género es una de las cuestiones más problemáticas para las empresas que deciden mudar sus instalaciones a economías emergentes. De hecho, integrar la producción y la distribución se ha convertido en el reto de las empresas que han decidido deslocalizar sus centros de negocio.
En el caso del calzado, uno de los sectores que en España está sufriendo las consecuencias de la competencia agresiva de los países asiáticos, diferenciarse y ofrecer calidad se ha erigido como la mejor estrategia a seguir. Aunque pudiera parecer que esta estrategia es ajena a la deslocalización, no es así: el secreto está en que las materias primas vengan de fuera.
En palabras del presidente de la Asociación Española de Componentes de Calzado, Juan Carlos Soler, “el mejor modo de atajar a un competidor es en su casa”. Y que mejor que importar los materiales de los países asiáticos a bajo precio para fabricar un producto de calidad en España.
En el juguete, compañías de la talla de MB y Famosa comienzan a abandonar España para producir en China, aunque el mejor ejemplo del fenómeno en el sector lo encontramos en Italia, donde “fabrican menos que en España, pero exportan más”, afirma el presidente de la patronal AEFJ, Salvador Miró.
Según su opinión, hay componentes de productos, como los tecnológicos, que “es preferible que se fabriquen en China, donde la mano de obra es más barata. Así se reduce el precio final del juguete pero sin disminuir su calidad, ya que previamente se realizan los correspondientes estudios pedagógicos y, definitivamente, el artículo se fragua en España”, concluye.
Otros sectores clásicos, como el mobiliario, apuestan por una fórmula a caballo entre la deslocalización y el inmovilismo de los que rechazan esta estrategia. Y es que, a juicio de Francisco Pons, responsable de Federmueble, “que el Gobierno apoyara la deslocalización sería un suicidio, lo que hay que apoyar son las alianzas” .
Así, empresas del mueble clásico, como Picó, o moderno, como Gamamóbel, tienen previsto cerrar antes de fin de año joint ventures con inversores locales en China, para, según Pons, mantener parte de la producción en España y realizar la de menos valor allí.
También en el mercado nacional de la franquicia comienzan a imponerse estrategias en este sentido, especialmente en el sector textil. Mango es la marca referencia de esta actividad, tanto en franquicia como en relación al fenómeno deslocalización, ya que cuenta con fábricas en puntos remotos del planeta.
Otro de los ejemplos en la materia es 13 Búho St., cadena de franquicias de moda que decidió abrir una fábrica en La India, con el objetivo de abaratar costes de producción y poder competir con las prendas que exportan los mercados emergentes.
Así, parece que el temido efecto “dominó” ha llegado a las economías europeas, que ven como sus empresas se enfrentan a la necesidad de competir, ya sea trasladando sus centros de trabajo a países donde la mano de obra es barata y las condiciones laborales poco o nada exigentes o, simplemente, comprando los materiales de fabricación más allá de nuestras fronteras. Una estrategia que no parece la única, pero sí la mejor de las salidas para las compañías de los sectores tradicionales.
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