Notas de prensa
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Un inventor en la tienda
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Lluís Borrell (36 años) se confiesa seguidor sentimental del Franz de Copenhague de los cómics de posguerra, un profesor cabezón que esbozaba aparatosos y divertidos mecanismos en la España del "que inventen ellos". Había chispa en aquellos inventos impresos en papel barato. Y también mucha futilidad, mucho pasatiempo. Cuando Borrell se propuso crear un mecanismo a medio camino entre la máquina de vending y la expendedora de DVD de alquiler, tenía claro que el ingenio debía saciar el apetito del mercado, en contraste con aquellos cachivaches de tebeo, y encajar como un guante con esa parte de los consumidores que aprecia encontrar prensa, fruta y pañales a cualquier hora del día. "En la fase de laboratorio me advirtieron: 'Te la pegarás'. Pero aquí estamos, con 16 tiendas de barrio automáticas instaladas, una de ellas explotada por un supermercado Esclat, en el paseo de Valldaura de Barcelona".
Con las cosas como están, con unos consumidores atemorizados y con unas marcas blancas aupadas por la crisis, Borrell se ha diversificado -más allá del crecimiento con franquicias- y está licenciando su tecnología. Este nuevo enfoque lo ha estrenado con la mencionada enseña Esclat, del grupo de distribución Bonpreu, conocido por su audacia, allá por los 90, con la explotación de gasolineras.
Ingeniero informático, Borrell toqueteaba esta idea de negocio desde sus tiempos de estudiante, cuando su proyecto de final de carrera fue un ordenador que quería estar al lado de máquinas recreativas en los restaurantes: "El cliente podía escoger diferentes juegos de PC o consultar mapas. Los cafés de internet llegaron más tarde". Pero su forja como emprendedor fue en The Mail Company, subsidiaria de una pequeña mensajería barcelonesa. En esa filial, de la que fue socio, trajo a España el mozo que lleva el carrito de correo en los grandes edificios de oficinas, un arquetipo muy retratado por Hollywood. "Les poníamos un repartidor y, a cambio, les pedíamos que nos dejasen un espacio para ofrecerles la mensajería convencional". Lograron contratos en la torre Mapfre, el World Trade Center y el edificio de Caja Madrid. Él quería crecer más rápido que sus socios, así que se fue. Pensó en montar un videoclub, pero las dudas ya acechaban al sector.
"¿Y si se crease una máquina que vendiese de todo?". El primer prototipo, lleno de robots, costaba 300.000 euros. Lo simplificó y redujo 10 veces el coste. Cada módulo de sus máquinas ofrece hasta 50 productos diferentes, con 10 unidades de estoc por cada uno de ellos.
Con las cosas como están, con unos consumidores atemorizados y con unas marcas blancas aupadas por la crisis, Borrell se ha diversificado -más allá del crecimiento con franquicias- y está licenciando su tecnología. Este nuevo enfoque lo ha estrenado con la mencionada enseña Esclat, del grupo de distribución Bonpreu, conocido por su audacia, allá por los 90, con la explotación de gasolineras.
Ingeniero informático, Borrell toqueteaba esta idea de negocio desde sus tiempos de estudiante, cuando su proyecto de final de carrera fue un ordenador que quería estar al lado de máquinas recreativas en los restaurantes: "El cliente podía escoger diferentes juegos de PC o consultar mapas. Los cafés de internet llegaron más tarde". Pero su forja como emprendedor fue en The Mail Company, subsidiaria de una pequeña mensajería barcelonesa. En esa filial, de la que fue socio, trajo a España el mozo que lleva el carrito de correo en los grandes edificios de oficinas, un arquetipo muy retratado por Hollywood. "Les poníamos un repartidor y, a cambio, les pedíamos que nos dejasen un espacio para ofrecerles la mensajería convencional". Lograron contratos en la torre Mapfre, el World Trade Center y el edificio de Caja Madrid. Él quería crecer más rápido que sus socios, así que se fue. Pensó en montar un videoclub, pero las dudas ya acechaban al sector.
"¿Y si se crease una máquina que vendiese de todo?". El primer prototipo, lleno de robots, costaba 300.000 euros. Lo simplificó y redujo 10 veces el coste. Cada módulo de sus máquinas ofrece hasta 50 productos diferentes, con 10 unidades de estoc por cada uno de ellos.
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