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Esta coruñesa de 36 años estudió Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. No obstante, el negocio familiar ubicado en su tierra, Galicia, una tintorería tradicional con ganas de crecer y expandirse, y su deseo personal de enriquecerse profesionalmente, le hicieron volver a Santiago de Compostela para enfrentarse al reto de ponerse al frente de una enseña con buenos augurios.
Mientras sus compañeros realizaban prácticas de la carrera universitaria en bufetes de abogados, ella se decantó por comenzar su trayectoria profesional en una asesoría fiscal y de empresas.
Por aquel entonces se presagiaba que su sangre emprendedora y cierta morriña (como le sucede al que ha vivido en tierras gallegas) le iba a dictar el camino de vuelta a casa, para hacerse con las riendas del negocio familiar, una tintorería tradicional cuyas puertas abrió su padre por primera vez.
Esta mujer de aspecto responsable y con carácter, “aunque sensible”, como ella misma apunta, es consciente de que capitanear una red de franquicias obliga a pertenecer a un equipo y representar sus intereses. Recuerda ahora que su familia decidió apostar por este sistema de comercialización, porque consideró que era la mejor fórmula para desarrollar un concepto en auge.
Tras más de diez años en el mundo de la franquicia y unos ocho desarrollando su propio negocio, esta amante de recorrer nuevos países (su lugar preferido es Sicilia) reconoce que este sistema de negocio le ha reportado una buena experiencia como tónica general, aunque a veces le ha dado algún que otro quebradero de cabeza. “Con la franquicia se da la oportunidad de iniciar una actividad empresarial con un riesgo medido; y las ventajas de estar ligado a un grupo son positivas. Pero, como ocurre siempre, ni todas las franquicias son buenas, ni todos los emprendedores que están pensando montar un negocio pueden ser franquiciados”, asegura la directora general de esta enseña, auténtica fanática de Gran Canaria “por su clima y su ritmo de vida”, por lo que no descarta irse a vivir allí en un futuro.
En lo que concierne a su papel de franquiciadora, Victoria desvela que “el trabajo es difícil y arriesgado. La labor comercial es ardua y resulta complejo mantener el concepto, la capacidad de competencia y el prestigio de la marca”, añade.
A sus franquiciados les exige, por encima de cualquier cosa, coherencia y fidelidad, ya que lo que más le interesa es que se involucren en el negocio. “Ellos son los responsables del éxito o fracaso de la marca, por lo que hay que seguirles, velar por sus intereses y sus buenos resultados”, indica.
No obstante, a esta mujer aficionada a la lectura, el cine y el deporte (“practicaba mucho la equitación, pero ahora no practico ninguno”), no le gusta que la conozcan por su liderazgo en el organigrama de su empresa. Asegura que “es fruto de una empresa familiar”, por lo que se iguala con el resto de los miembros integrantes del equipo corporativo; uno de ellos es su hermana, que se incorporó hace un tiempo al departamento de Internacional.
Aun con todo, se muestra orgullosa de “ver consolidado un proyecto familiar que no deja de crecer”, manifiesta la directora general de Clean&Clean, que elige a su padre como ejemplo a imitar, “como progenitor y como empresario”.
Gran presencia en su tierra y continua expansión en otras zonas
 Como era de esperar, la firma Clean&Clean, constituida como empresa en el año 1996, tiene una representación muy fuerte en su tierra, Galicia, con 38 establecimientos, debido a que durante los dos primeros años solamente desarrollaron su negocio en esta región “para lograr una estructura de franquicia sólida”, afirma Victoria Zaragoza.
En estos momentos tienen representación en la mayoría de las comunidades autónomas del país con 76 establecimientos (74 franquicias y dos propios) y una previsión de crecimiento muy importante. Y, por si fuera poco, suman en su haber 14 centros franquiciados en el extranjero, cuatro de ellos en Venezuela y dos en Miami, por lo que su interés por expandirse en Estados Unidos y Sudamérica está cada vez más presente.
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