|
Profesionales del Derecho, la Economía y las Telecomunicaciones, entre otras profesiones liberales, han dado el paso después de unos años de experiencia laboral en una empresa y han abierto una franquicia de autoempleo. Están detrás de una marca reconocida en el sector franquicias y suelen rentabilizar el negocio después de un año, cuando ya cuentan con una amplia cartera de clientes.
La franquicia en nuestro país se ha consolidado como un sector maduro, después de una andadura que se remonta a principios de los años noventa. Desde entonces, han sido muchos los cambios que se han producido. Uno de éstos ha sido el perfil del potencial franquiciado, gracias a la experiencia que ha venido experimentado año tras año.
A día de hoy, la franquicia factura más de 17 millones de euros y ofrece empleo directo a 261.000 personas, e indirecto a otras 88.000. Muchos de estos empleos pertenecen a personas que se encuentran en situación de paro y a un amplio número de profesionales en activo, pero con un gran interés en abrir un negocio propio.
Durante algunos años, las centrales de franquicia se centraron en firmar contratos principalmente con inversores dotados con dinero, pero sin una idea clara del negocio y del sector. Por ello, poco a poco el tiempo ha variado el perfil del franquiciado, ya que se dieron cuenta que un concepto de negocio es más rentable si la persona que se autoempleo y es a la vez el dueño del negocio, conoce más de cerca los pormenores de su empresa.
Por ello, en el sector de la franquicia cada vez funciona mejor el autoempleo, sobre todo de personas prejubiladas o que han sido despedidas y destinan la indemnización recibida a poner en marcha un negocio que les ofrezca ciertas garantías de éxito. También es frecuente ver cómo personas en activo, con un salario medio, deciden destinar sus ahorros a poner en marcha un negocio con el que ganarse mejor la vida.
Eso está siendo posible ya que la inversión necesaria para abrir un establecimiento franquiciado se encuentra cada vez al alcance de más personas, por lo que el emprendedor puede empezar con un pequeño capital y financiar el resto. Concretamente, el 75% de las enseñas requieren inversiones por debajo de 120.000 euros.
Un ejemplo muy claro del autoempleo son las franquicias de servicios profesionales y de servicios, sobre todo para pequeñas y medianas empresas. Firmas enmarcadas en profesionales liberales, vending y de servicios financieros como Credit Services o Consulting Empresarial, se han convertido en una salida laboral interesante para el autoempleo por su rentabilidad.
La principal ventaja de trabajar detrás de una marca reconocida como las citadas es la reducción de costes y la posibilidad de contar con el asesoramiento y el apoyo necesario en todo momento. Además, se reduce el riesgo inicial, ya que se entra a formar parte de una red que se ha probado en el mercado con éxito.
Después de lo dicho, hay que ver la parte menos positiva del autoempleo en la franquicia, como son los comienzos. Aunque, como todo negocio no siempre se pasan los mejores momentos en esta etapa debido a las dudas que se plantean en todo negocio que está iniciando su andadura, una vez conseguida una amplia cartera de clientes una empresa suele conseguir una posición atractiva y competitiva en el mercado.
En definitiva, el autoempleo de un negocio en franquicia va dirigido tanto a las personas que ya poseen un trabajo pero quieren ampliar sus campos de trabajo, como a aquellos que trabajan por cuenta ajena y buscan una fuente adicional de ingresos.
|