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Emprendedores que hicieron un imperio de la nada
Son el ejemplo a seguir para todo emprendedor que inicia un negocio. Comenzaron con una idea y muy poco capital pero han conseguido convertirse en grandes multimillonarios labrando su fortuna sobre el trabajo y las buenas ideas creadas desde sus orígenes humildes. El diario Libertad Digital hace un repaso por estos hombres cuyos nombres están asociados a grandes negocios en la actualidad.
Estos millonarios del presente y del pasado labraron su fortuna desde la nada. Andrew Canergie era un emigrante escocés que trabajaba de mensajero, pero terminó sisendo un gran magnate del acero. Cornelius Vanderbilt dejó la escuela a los 11 años para trabajar en un ferry del puerto del Nueva York. A los 50 ya era el propietario de un imperio marítimo y ferroviario. Henry Ford nació en una humilde granja de Michigan e inventó la industria del automóvil. Mientras, Rockefeller era el hijo de un viajante de comercio y se convirtió en el santo y seña del capitalismo. Onassis emigró a Argentina con una mano delante y otra detrás y al morir poseía todo un imperio. Lo mismo sucede con los millonarios actuales.
Bill Gates es hijo de un abogado de clase media de Seattle y su idea de transformar la informática personal mediante un sistema operativo, el Windows, le ha llevado a tener una de las mayores fortunas del mundo. Por su parte, el inversor más envidiado de todo el mundo, Warren Buffet, nació en Nebraska, donde se crió ayudando a sus padres en su tienda de ultramarinos. Después consiguió un puesto de repartidor de periódicos hasta que se fue a estudiar al este donde aprendió el funcionamiento de la bolsa hasta convertirse en el mejor inversor de la historia.
El hispano más rico del mundo, Carlos Slim es hijo de un cristiano maronita que emigró del Líbano a México, donde montó una tienda de textiles. Huerfano desde niño, consiguió algo de dinero hasta que en los ochenta, sus contactos políticos le facilitaron la telefónica Telmex, la primera de su imperio.
En otros casos, las historias de estos hombres son propias de novelas, como la de Lawrence Ellison nunca conoció a su padre y hasta los 48 años no conoció a su madre. Fue criado en un barrio judío del sur de Chicago, dejó la universidad en segundo curso y a los 20 años se mudó a California con lo puesto. Allí tuvo la idea de fundar una compañía de software dedicada a las bases de datos llamada Oracle. Hoy es uno de los millonarios más excéntricos.
El imperio de Ikea también tiene un origen humilde. Ingvar Kamprad se crió en una pequeña granja de Suecia. Comenzó vendiendo cerillas con su bicicleta y después amplió su negocio a pesacado, lápices y decoración para árboles de navidad. Con el dinero de un premio que le dio su padre por aprobar el curso fundó Ikea. A pesar de ser uno de los hombres más ricos, Kamparad es extremadamente austero.
Entre estas fortunas encontramos a los hermanos Albrecht, los reyes del hard discount. Karl y Theo nacieron en el seno de una familia humilde, de padre minero y de madre, dueña de una tienda de alimentación, donde aprendieron todo lo que tenían que saber para trinfar. Allí observaron que si bajaban un 3% los productos estos se vendían como rosquillas. Su política era no hacer publicidad para no incrementar los precios, no vender productos frescos y gestionar siempre supermercados pequeños. Abrieron su primer Aldi y hoy es una cadena de 8.200 supermercados.
No podíamos olvidarnos de Amancio Ortega, nacido en una aldea de León tuvo que trasladarse a Galicia con sus padres donde comenzó a trabajar en una mercería. En 1963 pidió un préstamo para montar su propia empresa textil: GOA, dedicada a fabricar batas de guatiné. Doce años después abrió su primer Zara, a partir de ahí fue creciendo como la espuma.
Todos estos hombres, además de ser millonarios son el ejemplo de que el trabajo, la dedicación y la voluntad de triunfar son el mejor activo que una persona puede tener, por encima de las herencias.








